Música en Tus Ojos (III)

 

Música en tus ojos,

Música en tu mirada,

Música en tu sonrisa,

Música en tu alma.

 

Escuchando suavemente,

Al atardecer y sin prisas,

La suave melodía,

De tu mirada mi vida;

 

Grité al viento tu nombre,

Rompí mil cristales de ternura,

Corté mis manos con las espinas,

De las rosas de tu boca de miel.

 

Nínfula nocturna y eterna,

Te conviertes en mujer al amanecer,

Destrozas con tus encantos,

Dominas a los hombres con tu mirar.

 

Si pudieras al menos sentir un segundo,

 El palpitar de mis venas,

La pasión de mis pensamientos,

El ardor en mi sangre…

 

Cuando te veo nada existe,

Solamente tú, tu vientre y tu cuerpo,

Tus pechos dulces son trofeos,

Que se alzan tiernos al amanecer.

 

El negro profundo de tus ojos,

Mezclado con el azabache tierno de tus cabellos,

Danzando con el candor impetuoso de tus caderas,

Son una visión del cielo en la tierra.

 

Eres un Hada erótica del bosque de Venus,

Una Sirena misteriosa del mar de mis deseos,

La Gárgola vigilante de la catedral de mis sueños,

El Unicornio perdido que nunca encontraré.

 

Solo pido que seas real y no ficticia,

Verdadera y no de piedra,

Que algún día me toques el alma,

Que algún día me beses los labios.

 

Misterio, Ansiedad y Locura,

Son el destino de mi alma,

Si no te llego a poseer,

Mujer de ojos negros, en mi penumbra.

 

Te veo en tu cama sola,

Esperando cada segundo,

Ahora soy yo el esclavo,

De que quieras terminar…

 

Se que andarás perdida por el mundo,

Esquivando precipicios y salientes, Recuerda que

Siempre estará mi amor pendiente,

A que reclames su pasión ardiente.

 

¡Sácame de aquí ahora!,

¡Quiero despertar!,
abrir mis ojos, y mirar al lado,

Encontrarme con esos ojos negros,

 Que jamás puedo olvidar. 

Jorge Ortiz Zurita (c) La Casa del Poeta 2005